Review
Babettes gaestebud
- Director
- Gabriel Axel
- Year
- 1987
- Rating

- Reviewed by
- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Thursday, September 02, 2010
La escena central es la que da título a la película, “El Festín De Babette”, un banquete que ofrece la misteriosa joven francesa refugiada en un pequeño pueblo danés donde dos mujeres mayores, ambas solteras y devotas a la secta cristiana que fundó su padre, le dan asilo durante años para apoyarla tras su trágico exilio en tiempos de guerra. Es una escena que dura quizá la segunda mitad entera de la película, pero el espectador la consume con la voracidad de un exquisito festín. Las razones por las que se ofrece dicha cena, de unas diez personas aproximadamente, y cómo se llega hasta ahí, son deleitables y sería un pecado mencionarlas. Baste decir que uno de los festines más memorables de la historia del cine, al nivel del de
Tom Jones (1963), diría yo, contiene tanto placer culinario como humano, en el sentido de las catarsis que se conjuntan en ese momento, de las dos mujeres mayores, su cocinera, un capitán que visita el pueblo después de décadas, y el pueblo en general.
El proceso de la película es muy simple. Se narran primero las historias de las dos mujeres que en su juventud eran las más hermosas y cautivadoras del pueblo. Su padre ultra religioso no quería que contrajeran matrimonio, pero al final fue decisión de ellas, tanto individual como conjuntamente, quedarse solteras para cuidar el legado de su padre y refugiarse en él al mismo tiempo. Sus flashbacks son historias que parten el corazón, pues ambas viven romances potenciales que se truncan por una u otra razón. En estas escenas, la actuación más memorable pertenece a Jean-Phillippe Lafont, uno de los hombres más claramente enamorados que he visto en pantalla.
Después se introduce a Babette (Stéphane Audran), mujer seria y melancólica, de quien poco se sabe excepto que ha perdido a su familia en Francia y ha debido huir. Consigue refugio con las dos mujeres, ya grandes, que viven para ayudar a los feligreses de su decreciente congregación. Por medio de Babette, que está siempre dispuesta a ayudar y tiene sorprendentes dotes de administración y organización, consiguen hacer sus labores sociales y religiosas con mucho mayor provecho.
A la hora de la cena, en ese majestuoso banquete que Babette ofrece por razones que no describiré aquí, se conjuntan, como he dicho, las culminaciones de todas las historias que se viven en la cinta. Desde el destino de la congregación hasta cada uno de los dramas personales, incluyendo uno hasta entonces desconocido, el de la protagonista, se obtiene la recompensa perfecta. La escena se filma con mucho énfasis en la comida pero tanto o más en las reacciones de quienes la consumen con placer tal que parecieran no haber experimentado jamás. En esta escena, el personaje más memorable es sin duda el interpretado por Jarl Kulle, hombre de mundo que mucho contrasta a sus comensales, y cuyas palabras dan perspectiva extraordinaria al evento. Del otro lado, los humildes feligreses hacen lo posible por rechazar el placer mundano que viven por medio de su sentido del gusto, pero les es imposible, y al finalmente aceptarlo, encuentran la armonía que tanta falta les había hecho.
La historia es pequeña, si se ve desde cierto punto de vista, pero inagotable si se ve desde otro. Fue escrita por el director, basado en una historia de Karen Blixen. Me impresiona que un evento pueda conjuntar la importancia de tantas vidas, sin palabras, con olores, sabores y combinaciones que jamás se olvidarán. Probé el banquete tanto como los personajes y quedé más satisfecho y enriquecido que nunca.
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Inventario de mi cuarto 2.28 - $1,000,000
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- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Monday, August 30, 2010

Mi cara aparece en el billete de un millón de dólares. A mucha honra.
Por cierto, esto lo hicieron afuera del Museo de Cera de la Colonia Roma, yo amaba ese museo, me parecía divertidísimo y en el sótano tenía su sección de horror que me fascinaba. Recuerdo que en esa ocasión fui con mi compañero Miguel Ángel Díaz Díaz, uno de mis grandes amigos de la infancia, cuyo rastro luego perdí, hasta encontrarlo en Facebook, donde lo hallé completamente pelón y con barba larguísima. Él también se tomó la foto para su propio millón de dólares, qué bueno que lo hizo en ese entonces, hoy en día su look iría en contra de lo que los estadounidenses querrían para tan importante billete.
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Inventario de mi cuarto 2.27 - Tiburon
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- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
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- Thursday, August 26, 2010

Mi primo Bernardo, gran fanático de los tiburones, que le provocaban fascinación y pánico a causa de
Jaws (1975), tenía en nuestra niñez uno como éste, que siempre le envidié. De viaje en Orlando, Florida, a mis ocho años, encontré un ejemplar idéntico en un supermercado y se convirtió en mi compra más memorable, qué souvenires de Disney ni qué nada. Tal era mi gusto por el tiburón de plástico, que lo traía en mis manos en el avión de regreso, en que una guapísima asistente de vuelo (le digo así pues creo que el término “sobrecargo” ya se unió a “aeromoza” en lo políticamente incorrecto) me pidió que se lo regalara. Lo dijo de muy buen modo y en inglés pero entendí perfectamente su intención y me encontré en un predicamento.
El dilema duró poco, no la volvería a ver y me arrepentiría toda mi vida de perder el tiburón. Le dije que no, rió y comentó algo a su compañera, supongo que “Este niño se hace del rogar”. Veintidós años después, reporto que la decisión fue correcta. Conservo el tiburón con gran cariño, por lo que, de habérselo dado, quizá hubiera vivido precozmente una historia como ésta:
Inventario de mi cuarto 2.3 - Garfield vuelve a casa.
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Inventario de mi cuarto 2.26 - Coleccion de cine clasico y una porno
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- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
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- Tuesday, August 24, 2010

Durante mi adolescencia y gran parte de mi veintena, compraba el Tele Guía cada semana y me iba directamente a la programación del canal 11, donde cada día pasaban dos películas antiguas. Buscaba entonces en mi guía del crítico Leonard Maltin, que ya inventariaré, la película en cuestión, y si él la recomendaba, yo me programaba para grabarla. Esto lo hacía en una de estas videocaseteras. Después, cuando tenía tiempo, me sentaba a verla, grabándola simultáneamente en la otra videocasetera para quitarle los anuncios. Así formé mi colección de películas en VHS, ahora obsoleta, por cierto, entre otras cosas porque las videocaseteras, como se ve, están ya desconectadas y guardadas en el clóset.
Mi mamá conocía mi afición y, al compartir mi amor por el cine, que en parte ella me inculcó, estaba al tanto de las películas que yo grababa y procuraba verlas. A veces, sin avisarme, iba a mi cuarto y sacaba el casete donde sabía que yo había grabado algo el día anterior.
Sin entrar en detalles de cómo llegó ahí, narraré que en una ocasión, en un gran descuido, dejé un VHS con una película pornográfica dentro de la videocasetera. Cuando llegué a mi casa, mi mamá me dijo “¡Fui a buscar la película de Humphrey Bogart que grabaste ayer y me encontré una película porno!”, a lo que respondí descaradamente “Eso te pasa por no preguntarme antes de sacar el casete”. Fin de la historia.
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Inventario de mi cuarto 2.25 - El asesino fue mi primo
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- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
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- Monday, August 23, 2010

El juego clásico de Clue en su edición limitada “Súper Detective” fue un regalo que nos trajeron los Reyes Magos a mi hermana y a mí en algún año de la década de los 80s. Se convirtió en todo un clásico de nuestra infancia, invaluable juego que conservo como una de mis más preciadas pertenencias por los grandes ratos que pasé jugándolo. El tablero tiene más cuartos de lo acostumbrado y también hay más sospechosos y armas, de ahí el “Súper Detective”.
Dentro de la caja, conservo también el tablero del Clue mexicano, “¿Quién… es el culpable?”, conocido coloquialmente como “Quién”. Es ese juego en realidad el que más recuerdo de mi infancia, el que más jugué y el que más me divirtió. Entre otras cosas, el concepto de los pasadizos secretos despertaba mi imaginación y me hacía simular que los había en mi casa.

En una ocasión, mis primos y yo escenificamos el juego. Asignamos los papeles de sospechosos a cada quién y repartimos cartas, pero cada turno era dialogado como si fuéramos en verdad los sospechosos metidos en la mansión de la víctima. Mi casa era la mansión y cada cuarto tenía su papel, y nos transportábamos a las habitaciones, cada número del dado era un paso y las armas eran objetos que las asemejaban. La investigación se puso interesante, nos metimos en los roles, sospechábamos de nosotros mismos y temíamos ser el culpable. Cuando alguien anunció que sabía quién había cometido el crimen, lo hizo aprensivamente, pues se trataba de uno de nosotros. Su hallazgo fue acertado y con gran decepción anunciamos a mi primo, que hacía las veces de chofer, que lo remitiríamos a las autoridades. Juro que su arrepentimiento de ser un asesino fue la cosa más genuina que presencié en un juego en mi vida entera.
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Inventario de mi cuarto 2.24 - El vapor de la muerte
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- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
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- Tuesday, August 17, 2010

El ventilador es irrelevante en realidad. Me lo regaló mi mamá hace pocos años para combatir un poco el gran calor que siempre se ha encerrado en mi cuarto, pero creo que nunca lo he usado. Me acostumbré a este calor que empeora cuando prendo televisión, DVD, sistema de audio surround, computadora, etc.
Lo único que alguna vez contrarrestó el gran calor de mi cuarto fue el humidificador que se me instaló, ¿qué será?, en 1992, a mis 12 años, cuando me dio neumonía. No recuerdo haberme enfriado, pero habíamos ido a comprar el árbol de Navidad poco antes y me dio una gripa de la que no me recuperé en semanas. De tal empeoramiento, me revisaron y me diagnosticaron neumonía. Viví en encierro las siguientes semanas, tal vez un par de meses, con dosis triple de inyecciones al día y muchos cuidados que incluían al humidificador. Quizá por estar al borde de la muerte, pues eso oía decir a mi tío el doctor y a mi papá, conservo un recuerdo memorable de ese tiempo. No me sentía mal, no tenía que ir a clases y quizá serían mis últimos días, así que me dediqué a disfrutarlos sin hacer nada.
No hacer nada puede ser desesperante, pero eso hice esos días, nada, quizá leer un poco, no sé ni qué cosas, tal vez comics, no lo recuerdo, seguramente ver televisión, comer mucho, dormir cuando quisiera, en general permitiéndome no hacer nada provechoso. Nunca más me he dado esa licencia.
El vapor del humidificador era refrescante y relajante, mi fiel compañero en esos momentos. El olor del vapor denso aún me recuerda esos felices días. Ojalá que si muero por enfermedad, mis últimos tiempos sean así: rodeado de seres queridos, en paz, sin la sensación de haber dejado cosas sin hacer. Eso es estar resignado a morir.
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Inventario de mi cuarto 2.23 - Locura no actuada
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- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
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- Monday, August 16, 2010

Conservo este sombrero de la boda de una prima de Guadalajara. Me lo puse y empecé a bailar alocadamente con el gesto más desquiciado que encontré en mi ser, como se aprecia en la fotografía de abajo. No fue difícil aparentar enloquecimiento. No aparentaba gran cosa.
Para ese viaje, había roto barreras. Había llevado a la ciudad a mi novia con quien vivía, lo cual era motivo de escarnio familiar, pues nos hospedamos juntos en un cuarto de hotel, como nos resultaba natural, pero a ellos no. Respetuosamente, mi familia ultra religiosa no dijo nada, al menos que yo supiera, pero era un gran paso sin precedentes que seguramente incomodó a más de uno. Ella y yo debíamos estar juntos en eso, pero no fue así.
Aunque tuvimos grandes momentos solos, durante el viaje, el tema familiar la devastó. Quería aceptación, deseaba aparecer en todas las fotos del recuerdo, ser reconocida como parte de la familia, como mi esposa sin serlo, y argumentaba que ya vivíamos juntos, que qué más querían, y aunque yo le explicaba que justamente era eso lo que más nos descalificaba a los ojos de mis parientes, no podía soportarlo y me echaba toda la culpa a mí, me reclamaba, no me dejaba estar en paz. A la mitad de la boda, en medio de una de las peleas, salió del salón, disgustada, y yo me fui a la pista y bailé con mi familia, olvidé todo, quise negar que quienes pensaban que mi relación era mala, tenían razón, aunque por otras razones; quise olvidar que estaba de acuerdo con quienes no la querían en las fotos del recuerdo, con el argumento de que no duraríamos para siempre.
De hecho, duramos muy poco tiempo más, pero ese momento de locura, capturado con tan buena puntería, permaneció conmigo, en forma de sombrero, hasta ahora, y en forma de recuerdo, para siempre.
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Review
The Burning Plain
- Director
- Guillermo Arriaga
- Year
- 2008
- Rating

- Reviewed by
- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Friday, August 13, 2010
La magia del escribir de Guillermo Arriaga es que encuentra impacto en los mínimos detalles. Sus historias típicamente giran en torno a eventos tremendos, como accidentes y muertes, pero no es tanto lo que sucede, sino las causas y consecuencias de ello, lo que le fascina y le obliga a llenar sus escritos de emociones imperceptibles para quien poco observa, pero desbordantes para quien las vive. Y nos hace vivirlas.
Hemos visto en sus películas anteriores, al menos en las más famosas, una serie de historias entrelazadas, unidas sólo por un magno evento, pero similares en naturaleza y sensibilidad. En esta ocasión nos presenta algo parecido, aunque de hilos narrativos vinculados más íntimamente y por ende más fáciles de conjuntar para el espectador. Se puede dar incluso el caso de deducir a tal grado las uniones de las historias que se adivine el final de cada una. Esto arriesga al impacto de la película, y en mi caso lo disminuyó, pero en ningún momento me dejó de interesar cómo ocurriría cada cosa y sobre todo cómo lo vivirían los personajes.
Fue ésta quizá la intención de Arriaga. Tal vez no le interesó tanto mantenernos a oscuras al respecto de las identidades de ciertos personajes, el porqué de sus comportamientos o las épocas en que cada historia está situada, sino adentrarnos tanto en la experiencia de los caracteres centrales que pudiéramos compartir su vivencia hasta un punto en que ya no nos importara nada más que verlos conseguir sus respectivas catarsis.
En la historia de una mujer con clara tendencia a la autoflagelación, Charlize Theron encuentra un perfecto escenario para demostrar una vez más todo el dolor que es capaz de transmitir, a la vez que su personaje aparenta con gran maestría no tener ningún problema. Como director, Arriaga consigue que el espectador sea el único capaz de ver más allá del engaño, sin que eso delate a esta hermosa y solitaria mujer. Mientras tanto, o, digamos, de forma intercalada, otra mujer vive un intenso sufrimiento: en una de sus mejores actuaciones, Kim Basinger encarna el tormento de encontrar el paraíso y verlo atado a un nuevo infierno que es incapaz de evadir. Por último, o, de nuevo, paralelamente, una adolescente, encarnada por Jennifer Lawrence, vive un dolor que no puede compartir con nadie, y lo lleva hasta un punto sin retorno. Su personaje vive diversas facetas y Lawrence sorprende en todo momento.
Si bien la producción es intacta, encontré la película un poco lenta a ratos, quizá en parte por lo predecible de la historia, aunque cada vez volví a sumergirme en el drama de los diferentes personajes. A cada paso hay escenas que podrían parecer triviales pero son de altísima importancia. Por ende, las que son de innegable impacto, como la del reencuentro entre dos mujeres, ven su efecto multiplicado hasta hacer las lágrimas del público brotar. En esa escena, ocurrida en un cuarto de hotel, descubrí que lo que Arriaga nos presenta no es el drama de sus personajes, sino el de nosotros mismos, el de todos nosotros.
Entrando en un tema más específico, lo advierto, aunque siempre recomiendo no leer mis críticas si no se ha visto la película, he de mencionar que me parece que la historia de
Fuego, como se le tituló en México, es una brillante alegoría del cáncer. Esta enfermedad lleva a un personaje, víctima de rechazo, a hacer lo que jamás imaginó, y eso provoca fatales consecuencias que marcan muchas vidas, una en particular, que entonces se “contagia” y lleva su mal hasta la siguiente generación. Como un cáncer imparable, que se apodera de más y más órganos del cuerpo, llega hasta un lugar y un momento insospechados, y sólo se detiene, o puede detenerse, a raíz de una acción decisiva. Esto se representa en la máxima escena catártica, la entrada de una mujer a una habitación de hospital, que significa un cambio, un nuevo reto y una decisión, si bien tardía, de atacar la enfermedad, sin importar de entrada si se logrará erradicarla.
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Review
Blow-Up
- Director
- Michelangelo Antonioni
- Year
- 1966
- Rating

- Reviewed by
- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Wednesday, August 11, 2010
Lo primero que recuerdo de esta película es la perdurable fascinación que le provocó a mi papá, quien me la mencionó varias veces desde mi infancia, no como algo que recomendaba, sino más bien como un evento relevante de su vida. Cuando hace poco tiempo la vimos anunciada en televisión, exclamó emocionado que ésa era a la que tanto se refería, y decidí que debía verla.
La experiencia fue tal cual la esperada considerando la perspectiva de ese hombre cuya adolescencia transcurrió en los años 60s: es una película de época, 100% icónica y de ambiente tal que idealiza lo que la juventud tanto disfrutaba en esos momentos. El protagonista es un fotógrafo independiente que pasa la vida en una serie de excentricidades y humores extremos, sexo libre y vacío, amistades ocasionales y búsqueda insaciable de satisfacción artística y profesional. Todo en su vida es música y color, mujeres, encuadres y revelado (revelación). Los fotógrafos de cualquier época pueden encontrar mucho valor en el retrato que se hace a un extremo de su profesión por medio de este difícil personaje.
Interpretado por David Hemmings, Thomas representa una época por medio del peinado, el vestir, y hasta diría que la complexión física. Su afición es dejar las cosas a medias, brincar a su convertible y arrancar sin rumbo en búsqueda de emociones, comprar antigüedades, detenerse en parajes y fotografiar cualquier cosa, desde aves hasta gente que se vuelve sujeto de su arte sin saberlo.
En una ocasión, encuentra a una pareja en actitud curiosa, quizá coqueta, quizá violenta, algo ansiosa, y le encanta lo que ve, la incertidumbre de la escena, las incontables probabilidades de su significado y su fondo. Esta secuencia y sus ramificaciones fueron inspiradas por una historia corta de Julio Cortázar, titulada “Las babas del diablo”, donde el protagonista, fotógrafo, a veces narrador, a veces tercera persona, a veces representante de la ansiedad artística del ser humano, se ve envuelto en un momento que captura y del cual genera un grupo de interpretaciones que abarcan desde la nada hasta el todo, el universo entero en lo que capta la lente.
La mujer fotografiada es interpretada por Vanessa Redgrave, cuya especial belleza ilumina no sólo las imágenes sino la aburrida vida de Thomas, quien se ve encantado no sólo por lo que ha capturado, sino por la violenta reacción de ella, que le exige las imágenes de vuelta. A esto le sigue una investigación de Thomas de los retratos que ha tomado, una ampliación, de ahí el título, que lo lleva a desenmascarar algo mucho más serio y severo que lo apreciado a simple vista, algo que pudiera o no ser, y pudiera o no comprobarse.
El fondo es deshilado e incompleto, insatisfactorio y repleto de huecos, que hacen que la historia no sólo asemeje a la original de Cortázar, sino genere el interés revolucionario que la cinta produjo en su momento. (Esto, apoyado por una escena erótica que hoy en día no tiene gran cosa de especial.) Sin embargo, existe sustento que asegura que la historia era mucho más coherente y específica en guión que en el resultado final, lo que fue mermado por el excedente de presupuesto de Antonioni en su primera película de habla inglesa. No sabemos cómo hubiera sido de haber tenido una historia lineal y coherente como estaba planeado, pero así como está, que no quepa duda, es mucho más especial y enigmática que si ésta hubiera sido la intención.
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Inventario de mi cuarto 2.22 - Adivina quien, Tarantino
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- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Tuesday, August 10, 2010

Al inventariar el clásico “Adivina Quién” podría remembrar las incontables ocasiones en que lo jugué con mis primos, cuántas veces hice trampa, cuántas estudié de la forma más nerd el juego a solas para elaborar las preguntas que más personajes eliminaran en caso de ser negativas o positivas, y los muchos ratos tan divertidos que pasé gracias a este ingenioso juego que me hizo sentir, aunque fuera en su mínima expresión, como un detective.
En cambio, escojo poner una imagen que por siempre acompañará a mi recuerdo de este juego, vista recientemente, evocando una clásica escena de una de mis películas favoritas,
Pulp Fiction (1994):
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Mandy wrote at 8/30/2010 10:27:25 AM:
Cosi! vales miiiii...ah no! vales un millón!