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Megamind
- Director
- Tom McGrath
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Friday, December 31, 2010
Megamind de Dreamworks es una historia rara que mezcla la leyenda de Superman con la de un Superman alterno y paralelo que está dedicado al mal, no por convicción ni por conveniencia, sino porque no parece quedarle más remedio. Capitaliza lo mucho que se critica al hombre de acero de ser tan aburrido y convierte al protagonista, Megamind, en una opción divertida aunque su lucha sea contra el bien. El equivalente a Superman, Metroman (voz de Brad Pitt), es tan trillado como cualquier superhéroe, o peor. Así es fácil irle al malo.
Después de una divertida introducción que nos explica el origen de los dos personajes y su pugna interminable, presenciamos su más reciente batalla, en la que Megamind, hombrecillo azul y de cabeza gigante, sale victorioso de la forma más inesperada. Dueño de la ciudad, no sabe qué hacer al respecto y se encuentra aburrido y viviendo una vida sin sentido al no tener quién lo combata. Así, decide crear un nuevo superhéroe que lo detenga. Mientras tanto, de manera accidental, empieza a relacionarse, disfrazado de ciudadano promedio, con la reportera que fue tantas veces objeto de sus fechorías y del heroísmo de Metroman, Roxanne Ritchie (voz de Tina Fey), solo para encontrarse perdidamente enamorado.
Hablo demasiado de la historia y arruino la trama, ay del que esté leyendo esto sin haber visto la película. En suma, Megamind empieza a convertirse en lo que nunca quiso ser o pensó que podía ser, sobre todo cuando el superhéroe que crea se vuelve villano. Al tiempo en que intenta contrarrestar el mal que ha generado, lidia con el engaño al que ha sometido a la mujer que ama, y con el mal que ha hecho a la ciudad que ahora lo necesita. Estas capas hacen al personaje inesperadamente complejo, y Will Ferrell logra cada una (ayudado por Ben Stiller, que da voz a su personaje disfrazado de humano) sin mayor dificultad, gran actor que es.
Lo bueno: gana la comedia. A cada paso hay algo sorpresivo que hace reír y aligera el procedimiento. Lo malo: a veces es una película agresiva, sobre todo cuando un personaje principal muere, para sorpresa de todos, y en general se le da poca importancia a tanta violencia y destrucción. En un mundo de caricatura, en efecto, no tiene importancia, pero es imposible no pensar en lo blancas que son las películas de Pixar en comparación, sin por ello ser huecas o poco valiosas. (De hecho, en general, son superiores.)
La diversión continúa hasta el último instante, en gran parte gracias al pez que acompaña durante toda la película a Megamind, Minion (voz de David Cross) y al mismo Megamind, personaje tan divertido. La película es agradable a la vista, divertida e innovadora. Si bien no será un clásico, es digna de verse por demás.
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Gulliver's Travels
- Director
- Rob Letterman
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Thursday, December 30, 2010
Jonathan Swift, autor de “Gulliver’s Travels”, debe estar revolcándose en su tumba. Y no porque sea necesariamente mala noción actualizar su obra y hacer de su personaje un gordo mentiroso e inmaduro, ni porque el actor que lo interpreta sea Jack Black, sino por lo mal hecho que está todo eso y lo triste del resultado.
Jack Black, en sí un buen y muy simpático actor, insiste en protagonizar vehículos totalmente enfocados en lucirlo y no de la mejor manera. Ver sus películas se ha convertido en lo equivalente a verlo gritar “¡Hey, soy Jack Black, véanme cantar, véanme gritar, véanme dar vueltas!”. Es muy desgastante que el guion pase a segundo plano contra todo lo ruidoso que se ha convertido este actor. Como Gulliver, Black empieza de forma más o menos positiva, haciendo del hombre pequeño y poco notable, al que nadie hace caso, el perdedor de su oficina, enamorado de una mujer hermosa y triunfadora (Amanda Peet) que seguramente jamás lo volteará a ver, pero luego se convierte literalmente en el gigante a quienes todos miran, que haga lo que haga será admirado, y que se encarga entonces de demostrar por qué en la vida real es tan pequeño, pues nunca podrá sostener una posición importante en su vida.
El potencial cómico de que Jack Black sea un gigante en una tierra medieval es casi infinito, por lo que me atrevo a decir que ni el 1% fue aprovechado. Todo es burdo, tosco y de mal gusto. La divina Emily Blunt hace de la princesa de Lilliput y ni siquiera su presencia puede ayudarnos a que la experiencia sea más placentera. Llega un punto en que uno decide olvidar lo negativo del procedimiento y disfrutar a como dé lugar, pero la película parece querer evitarlo a toda costa, y nos sorprende entonces con más cosas desagradables, descabelladas o simplemente ridículas.
Podría mencionar entonces como cosas positivas los efectos especiales o las actuaciones de todos los pequeñines, que obviamente tuvieron una labor difícil al intentar sobresalir entre un pésimo guión y un protagonista que ve cumplido su sueño de ser literalmente un gigante, pero nadie sobresale lo suficiente como para mencionarlo. Tristemente, el guion está diseñado para hacer brillar a Jack Black, y no de la manera positiva en que lo hizo, digamos, en
The School of Rock (2003).
A pesar de todo, me emocionó el final, en parte por los romances que después de mucho esfuerzo funcionaron, en parte porque el villano (Chris O'Dowd) fue vencido, y en parte, en gran parte, porque la película terminó.
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The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader
- Director
- Michael Apted
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Wednesday, December 29, 2010
Siempre he entrado a las películas de Narnia con bajas expectativas y he salido complacido y sonriente. En esta ocasión, salí con los ojos húmedos por inesperadas lágrimas que a su vez aseguraron la sonrisa en mi cara.
La tercera parte es protagonizada por Edmund (Skandar Keynes) y Lucy (Georgie Henley), los hermanos menores de la familia Pevensie que son todavía bienvenidos al fantástico mundo de Narnia. De momento hospedados por sus tíos y su insoportable primo Eustace (Will Poulter), los hermanos añoran volver a su amada tierra y ver de nuevo a sus amigos.
Cuando esto sucede, son acompañados por el renuente Eustace, que por un lado duda de la existencia de Narnia y por el otro mantiene su alzada actitud ante las criaturas fantásticas que la habitan, en particular el ratón Reepicheep (voz de Simon Pegg). Los tres jóvenes se aparecen a la mitad del océano y son rescatados por el Dawn Treader, barco capitaneado por el Rey Caspian (Ben Barnes, protagonista de
The Chronicles of Narnia: Prince Caspian (2008)), con quien emprenden nuevas aventuras.
Es justo decir que estas no son tan emocionantes ni tan fantásticas como podría esperarse. En cada lugar encuentran misterios y enemigos por vencer y luchan contra la adversidad. Lo interesante en realidad es el desarrollo de sus personajes, particularmente dos: Lucy y Eustace. Bueno, Edmund es interesante también, pero ya se había visto que fuera impetuoso y ambicioso. En cambio, el nuevo desarrollo de Lucy tiene que ver con el de una adolescente insegura de sí misma y de su belleza. Ella desea verse como su hermana mayor, por lo que en un momento dado realiza un conjuro que le hace ver lo necesaria que es para Narnia y para sus hermanos. La belleza de la joven actriz es innegable, y Lucy la adopta poco a poco hasta que nos convence de ella de la forma más espléndida y natural.
Por otro lado, y principalmente, Eustace, que en un principio parece el alivio cómico de la historia, a riesgo de volverse insoportable, va desarrollándose poco a poco hasta que algo inesperado le sucede, ante lo cual evoluciona totalmente tanto física como psicológicamente y se convierte en el personaje más bello de la historia. Su relación con Reepicheep es bellísima y cuando se encuentra con Aslan (voz de Liam Neeson), así como cuando narra la despedida de sus primos, nos hace llorar con su esplendor interno.
En suma, es una película que si bien no es obligatoria, deja mucho a quien la ve. Una digna entrada a tan hermosa saga, de la cual ya espero con ansia la próxima secuela.
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The Social Network
- Director
- David Fincher
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Tuesday, December 28, 2010
No me gusta leer los resultados de nominaciones y premios a final de año pues muchas de las películas laureadas tardan en llegar a mi país, pero no pude evitar escuchar por ahí que
The Social Network está ganando muchos premios, casi de forma absoluta, lo que me hace preguntarme, ¿tan mal están sus competidoras?
No quiero decir que no sea una buena película, pues sí lo es, pero no me parece comparable a lo mejor de otros años, ni siquiera me parece una gran película, y me alarma que su competencia sea tan débil o que las asociaciones de premios se dejen influir tan fácilmente por la mercadotecnia o lo que esté detrás de sus decisiones, o que yo esté tan perdido al respecto de lo que es lo mejor en cine.
La historia de cómo se creó Facebook es interesante por el gigantesco resultado a partir de algo tan pequeño, por la mente brillante que se dio cuenta del infinito potencial de una idea simple y por la ilustración de que perseguir un sueño puede resultar en algo inimaginable, pero no es un drama humano inigualable, incomparable o digno de mención honorífica. A quien me diga lo contrario, le rebatiré que lo mismo pelean los dueños de cualquier bar que pugnan con sus socios, o los fundadores de cualquier empresa que pronto combaten por la mayoría de las acciones, o los autores que reciben acusaciones de plagio de sus antes queridos colegas.
Lo único que se me ocurre que destaca a
The Social Network es la actualidad de su tema. Es como ver una película de lo que estamos viviendo, como si estuvieran filmándonos mientras vemos la cinta, como si supieran lo que estamos pensando, como si nos hicieran viajar al futuro para ver lo que en el presente no parece que hubiera dado tiempo de filmar. Si todo es tan actual, ¿cómo es que ya fue filmado y presentado en un producto cinematográfico tan profesional? Ese es el mérito de sus realizadores, no porque la historia sea la gran cosa, sino porque es recurrente. Facebook no es un libro cerrado, al contrario, es una empresa que todavía puede colapsar o ser enfrentada por un brutal competidor inesperado, pero ya se filmó y estrenó su historia en cine, y eso es impresionante.
Ahora que desde un punto de vista objetivo, si nos esforzamos por no impresionarnos por esto último, esta no es una gran película. Basada en un libro de Ben Mezrich, la trama escrita por Aaron Sorkin es parecida a la de muchas otras películas y sus personajes son aún menos interesantes que las de aquellas. De entrada, el protagonista, Mark Zuckerberg, interpretado por Jesse Eisenberg, es del todo falto de personalidad, a un nivel exagerado, me atrevo a decir, lo que intenta contrastar su genialidad con su falta de presencia. El trabajo de Eisenberg es admirable, pero de nuevo, llevado a un extremo difícil de creer. Los demás son jóvenes contemporáneos a muchos en la audiencia (Sean Parker, por ejemplo, tiene mi edad), lo que hace que el público se identifique o quiera ser como lo que se ve en pantalla. Son elementos bien usados, sí, pero no sé si dignos de tanto laurel.
Justin Timberlake hace de Parker, creador de Napster y pieza clave del posicionamiento de Facebook, lo que seguramente es en la vida real: encantador, acelerado y paranoico. Oigo que lo están calificando muy positivamente. Yo diría que es una buena actuación.
Lo que sí me gustó es que la película se toma muy en serio. No porque su material sea a veces frívolo y a veces forzado, se trata como poca cosa. Los realizadores la tratan con tanta seriedad como cualquier otra cinta de cualquier otro tema, lo que lo hace funcionar bien.
Del otro lado de la moneda, el guion maneja catalizadores tan burdos como obvios para avanzar su historia. El más claro ejemplo es cuando un compañero de Zuckerberg llega a preguntar a este si una compañera está saliendo con alguien, y si sí, quién es ese alguien, y si sí, qué tan seria es su relación. Esa enumeración de características que se pueden encontrar actualmente en el perfil de cualquier usuario de Facebook, estoy seguro, no llegó tan “picadita y a la boca” a Zuckerberg en la vida real, y sin embargo, el guion nos lo presenta así para darle dramatismo al momento en que este joven genio idea el “relationship status”, que diferenció a Facebook de otras redes sociales. Es burdo, obvio, en la cara e irreal.
Por otro lado, en un intento por humanizar a Zuckerberg, se enmarca la historia por medio de un romance con la hermosa y ficticia Erica Albright (Rooney Mara), que primero impulsa sin querer a Mark a crear Facebook, y luego se convierte en su tótem de lo inalcanzable. Es un buen intento, pero algo débil. En mi opinión, se pudo haber capitalizado mucho más el conflicto de haber traicionado a su mejor amigo, Eduardo Saverin (Andrew Garfield), lo que en cambio queda relativamente impune.
La más grande ironía fue distraerme durante la película por revisar mi Facebook en el celular. Fue como un tributo a que el producto real me sigue pareciendo más interesante que su historia. Sin embargo, no lo niego, la película es buena y entretenida, si bien no, en mi opinión, digna de llamarse lo mejor del año.
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Inventario de mi cuarto: Mudanza
- Posted by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Monday, December 27, 2010
Amigos, reventé. El segundo semestre del año fue tumultuoso por demás y me siento victorioso al poder reportar que salí avante… casi en todo. Conseguí mi sueño de volverme
comediante de stand-up, logré la popularidad deseada en Twitter y convertí “Inventario de mi cuarto” en el blog exitoso que siempre soñé, pero con un costo a mi desempeño laboral y a mi salud. Lo primero logré resolverlo pero no sin gran esfuerzo, tuve que reordenar mis prioridades y enfocarme en mi trabajo, que es mi sustento y el empleo más afortunado del mundo, para corregir lo que había descuidado. Lo segundo fue seguramente una consecuencia de todo el esfuerzo que tuve que hacer para estar a tope en cada cosa. No puedo quejarme si cierro el año con gripas crónicas, dolor de cabeza permanente y un poco de calentura, pues también lo hago con enormes satisfacciones.
Algo que me agobiaba sobremanera era cumplir
el propósito del presente blog: inventariar todo lo que había en mi cuarto y mudarme antes del primer día del año 2011. Lo primero fue imposible, no por falta de ganas o de esfuerzo, quienes han seguido el blog saben que publiqué entradas más constantemente que el blog promedio, sino porque encontré muchas más cosas en mi cuarto de las que había calculado, y simplemente fue imposible registrarlas todas en tan poco tiempo. Sin embargo, no quise que esto me detuviera y cumplí con la segunda y principal meta: mudarme de la casa de mis padres para independizarme. Con mucha suerte, encontré pronto el departamento de mis sueños, muy peleado, por cierto, y se lo gané a mis competidores, pagando renta desde Diciembre. Pedí la semana de Navidad de vacaciones en el trabajo y me mudé el miércoles 22 de Diciembre con solo lo básico para subsistir, de manera que casi todo lo que me faltó de inventariar permanece en el cuarto que ahora he dejado para siempre.

En este momento me encuentro en el departamento, escribiendo esto para publicarlo mañana desde algún lugar con Internet, pues no cuento aún con ese servicio. Tengo frío, mi celular no tiene señal (supongo que por una falla del proveedor, pues cuando vine a ver el departamento en renta no había problema) y, como dije antes, sufro de un fuerte resfriado que me ha acompañado desde hace semanas, pero estoy feliz.

Mi mamá ha accedido a dejar el cuarto tal como está, al menos durante el tiempo en que termine mi inventario, de manera que estoy tranquilo. Ahora que me he establecido aquí, pienso visitar mi viejo hogar frecuentemente para seguir inventariando todo y continuar con este proyecto que a tanta gente ha gustado, pero que sobre todo ha resultado tan enriquecedor para mí. Dejar atrás tantas cosas importantes es un ejercicio de crecimiento y madurez, y doy gracias a quienes me han acompañado hasta aquí. En el 2011 continuaré con tanta frecuencia como antes. Hay mucho por venir.
Índice de "Inventario de mi cuarto"
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TRON: Legacy
- Director
- Joseph Kosinski
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Sunday, December 26, 2010
Si
TRON (1982) fue una mala película, no había mucho que esperar de la segunda parte, pero algo me dijo que si habían hecho una fuerte inversión por revivir la saga casi 30 años después, con el mismísimo Jeff Bridges, ahora un actor de altura, no podía estar tan mal.
Me equivoqué, es igual o peor. La trama es tanto o más hueca, los personajes igualmente impersonales, los escenarios tan sombríos como antes y las secuencias de acción cansadas y aburridas. Solo es interesante como concepto, pero el resultado es lamentable. Me apena por Jeff Bridges, más que nada.
En esta ocasión, Kevin Flynn, ahora un reconocido aunque excéntrico empresario en la industria de videojuegos y tecnología, desaparece misteriosamente tras mostrarse obsesionado con el mundo virtual. Años después, su hijo Sam (Garrett Hedlund), trastornado por la desaparición de su padre, sigue su rastro y se encuentra atrapado en el mundo cibernético que aquel le había descrito en su infancia, y que resulta ser muy real. Padre e hijo han sido atrapados en el mismo mundo por un nuevo y sorprendente rival que habrán de combatir juntos, para bien o para mal.
Bridges tiene dos papeles que hace con los ojos cerrados: uno frío y ambicioso, el otro viejo y desilusionado, y ninguno se acerca a kilómetros de distancia a su mejor trabajo. Para él, este tipo de personajes son una broma, y en efecto, el resultado parece tal cosa. Como Sam, el chico hace un mejor esfuerzo, pero su personaje no da para mucho. También hay un personaje femenino, Quorra (Olivia Wilde), ayudante de Flynn que tiene un significado mucho mayor de lo aparente, y de absolutamente nula importancia para el espectador, pero que ayuda para que no haya solo hombres en pantalla.
Después de un rato, uno se pregunta el sentido de la película. Los mismos personajes, todos y cada uno de ellos, se quejan del atroz mundo en que viven y anhelan el mundo real. En una escena, incluso, Sam dice a Quorra que un amanecer en el mundo real es infinitamente más bello que el del mundo virtual. Entonces, yo me pregunto, ¿por qué presentarnos algo que la misma película considera menos digno o interesante? ¿Por qué atraparnos también a nosotros en ese inhóspito y sombrío lugar si podríamos disfrutar de la luz del sol?
Cuando por fin consiguen su objetivo, a medias, pues está claro que los realizadores dejaron abierta la posibilidad de otra secuela, salimos felices a tomar un poco de aire y alegrarnos de que el mundo real no sea como el de la película. Las mejores películas de prisiones e inmundos lugares nos han enamorado de sus terribles escenarios pese a ser sitios infernales para sus personajes. Ahí la belleza del cine de la que la saga de
Tron carece por completo.
Lo mejor: la música de Daft Punk.
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TRON
- Director
- Steven Lisberger
- Year
- 1982
- Rating

- Reviewed by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Saturday, December 25, 2010
Esta innovadora película de inicios de los ochenta es un buen ejercicio creativo y de animación por computadora pero presenta una historia relativamente hueca para toda la parafernalia que la rodea. El drama que nos atañe se introduce con una serie de escenas aceleradas y obligatorias, como si el mundo real fuera estorboso al no ser por lo que la gente pagó al entrar a la película, casi pareciera que se hace un esfuerzo por no encariñarnos con Kevin Flynn (Jeff Bridges), programador empedernido que ha visto sus mejores esfuerzos robados por el jefe de la compañía, Ed Dillinger (David Warner). Los amigos de Flynn, Alan Bradley (Bruce Boxleitner) y Lora (Cindy Morgan) se dan cuenta de la corrupción de Dillinger y se unen a Flynn para combatirlo.
En su esfuerzo, Flynn es consumido por un rayo láser que lo digitaliza e introduce al mundo cibernético de las computadoras, donde el malvado Master Control Program se apodera de todos los otros programas y los somete a su tirano dominio para conquistar el mundo digital en su totalidad. De tal tiranía, MCP incluso ha sometido a su creador, Dillinger. Ahora es tarea de Flynn combatir ese mal, pero lo hará con la contraparte sistémica de Alan, Tron (también interpretado por Boxleitner), programa diseñado para defender a los usuarios de los programas invasores, así como Yori, contraparte de Lora, que nos ayuda a tener una presencia femenina, por cierto muy bienvenida con su ajustado traje cibernético.
El proceso consiste en una serie de batallas, desde juegos de carreras hasta de naves espaciales y recorridos a pie, todo esto igual que lo de una película promedio de acción, pero situado en este fantástico mundo. Los actores son disfrazados de programas con luminosos trajes y fotografía descolorida que sin duda desfavorece los visuales de la cinta. El mundo cibernético es desagradable a la vista y poco placentero en general.
Aunque uno hace un gran esfuerzo por desearles los mejor a nuestros héroes, el guion ilumina muy poco sus personalidades y nos cuesta trabajo interesarnos. Flynn claramente es el que más nos importa, en parte por ser interpretado por el gran Jeff Bridges, quien sin embargo tiene difícil la tarea de agradarnos con un par de chistes y muy poca sustancia. Tron y Yori son absolutamente impersonales, si bien lo eran en su versión humana, pero aún más en su versión sistémica, lo que hace impresionante que uno de ellos dé título a la cinta. Y ni qué decir de los demás personajes, cuyos nombres ni siquiera recuerdo.
Entiendo que este es un clásico de culto y me parece justo que lo sea, pues ver
Tron es una experiencia diferente e incomparable. Lo que no comprendo es que haya quien quiera verla más de una vez.
Lo mejor: la música de Wendy Carlos.
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Grizzly Man
- Director
- Werner Herzog
- Year
- 2005
- Rating

- Reviewed by
- Yehosafat a.k.a. Yosio
- Review date
- Monday, December 20, 2010
Me declaro fan de los documentales; ello se debe mayormente a que me gusta estar informado, y otro poco es porque tengo corazón de pollo cuando se trata de injusticias. Además, esta clase de filmes abarca todas las exigencias y gustos, que van desde el retrato musical hasta la denuncia solidaria.
El alemán Werner Herzog no es nuevo en eso de los reportajes. Una de las primeras impresiones que me dio
Grizzly Man fue que estaba viendo un trabajo, digamos, monótono. Lo confieso: pensé que el director me aburriría con el tema y su tratamiento, demasiado complaciente, demasiado trágico. Me equivoqué. Viva Herzog.
Timothy Treadwell era un norteamericano con iniciativa. Su “ímpetu salvaje” lo llevó hasta los confines del continente, en Alaska, donde se apasionó con los osos pardos —osos grizzli—. Con el paso de los años fue adquiriendo notoriedad, debido principalmente a sus prolongadas y riesgosas estancias entre esos animales. Al treceavo verano de filmarlos, fue devorado junto con su novia por uno de ellos.
La historia parece típica, rentable: Un hombre con convicción ecológica y visión altruista, cuya vida es interrumpida trágicamente por los mismos que intentaba proteger.
Cientos de horas de la grabación de Treadwell fueron recopilados por Werner Herzog, quien narra sus impresiones sobre el peculiar personaje. Familiares, amigos y conocidos desfilan frente al lente, dejando constancia de las muchas virtudes del que se fue. Consideran al joven no menos que un héroe, un mártir. Entre líneas, eso sí, comienzan poco a poco a revelar sus viejos problemas de drogas, aparentemente solucionados con los viajes, y de carácter, que serían provocados por el aislamiento.
Treadwell, en sus grabaciones, se empeña en lucir amigable y proclamar su amor por los osos. Aun con eso, luce voluble, frágil y solitario. Muy solitario.
La obra crece en ritmo, se enriquece, evoluciona de manera inteligente. El personaje principal, en un principio débil y amante de la naturaleza, termina mostrando arrogancia, soberbia e, incluso, claros signos de inestabilidad mental. Por cada minuto de inusitada magia creada por los animalitos, hay otro de histeria y pasión desbordada.
Herzog acierta al incluir entrevistas con gente cercana al caso, quienes no lucen tan contentos por lo sucedido. Profesionales coinciden en el peligro que corría el occiso, y critican la falta de atención a las recomendaciones básicas de supervivencia, especialmente frente a osos. Uno de ellos no deja lugar a dudas, pues opina simplemente que se lo merecía. Además, destacan la desgracia de la muerte de la novia, quien estuvo en el peor lugar en el peor momento.
El documental está lleno de lugares mágicos, como cada que nuestro personaje tiene suerte y captura hermosas escenas de osos, incluso una extraordinaria que involucra a un zorro. Segundo, la inocencia de lo filmado, al grado de que Treadwell llega a repetir tantas veces una toma, ya sea para usar diferentes tonos o vestuario. Y por último, la transformación del joven con sueños en un monstruo ególatra frente a la cámara; “el actor en su película ha superado al director”, apunta atinadamente Herzog.
Richard Thompson, veterano artista folk, es el encargado de musicalizar el drama. Lo hace bien, al incorporar guitarras con ritmo rural, serio, añejo. Su canción “Coyotes” se escucha al final de la película y creo que sigue en mi mente; sí, aún la estoy cantando.
Al final, creo que me quedo con el mensaje de Herzog, racional, sabio, sencillo: La belleza no se encuentra en la tragedia, pues ésta es eso, sólo tragedia.
Nada más espero haber entendido bien.
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The Social Network
- Director
- David Fincher
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Gyn Yudico a.k.a. Gyn
- Review date
- Saturday, December 18, 2010
Una vez más, el versátil David Fincher contiende al Óscar con este largometraje que relata las vivencias de Mark Zuckerberg, interpretado magistralmente por Jesse Eisenberg, un estudiante de la Universidad de Harvard experto en programación que sin quererlo crea la red social más popular del mundo: Facebook.
"No llegas a tener 500 millones de amigos, sin hacer algunos enemigos". Zuckerberg es un rostro hundido en el anonimato, adolescente impetuoso y en ocasiones iracundo que se desfoga en su laptop creando aplicaciones que causan furor entre los alumnos del campus e indignación entre los profesores que ven retada su autoridad. Alumnos de otra fraternidad contratan a Zuckerberg para crear una red social escolar y Zuckerberg accede, sin embargo tiene una mejor idea y junto con su amigo Eduardo Saverin (Andrew Garfield), ignorando las instrucciones de sus empleadores, deciden crear "The Facebook" que inmediatamente se convierte en un fenómeno sin precedentes. La popularidad de Zuckerberg y Saverin crece velozmente y el interés en la red social trasciende las fronteras de Harvard.
Eventualmente llega a oídos del creador de Napster, Sean Parker, genialmente interpretado por el cantante Justin Timberlake que se reúne con Zuckerberg y Saverin haciéndoles ver el potencial de su idea creando así una bola de nieve que crece fuera de control.
El filme se desarrolla de manera no lineal, alternando por un lado dos juicios legales que enfrenta Zuckerberg, acusado de robar la idea por parte de sus originales empleadores y de despojar injustamente de su porcentaje a Eduardo Saverin, su ex mejor amigo. Y por otro lado, el camino que lo llevó hasta este punto en la historia. Lograr cohesión en una historia de esta índole es obra de un buen guión, una buena edición y un gran director.
En este caso, la ecuación resulta ganadora, desde la excelente adaptación de Aaron Sorkin, hasta el estupendo enfoque de David Fincher cuyo acercamiento visual al guión es mesurado y sin parafernalia que sólo estorbaría en la historia.
No sucede lo mismo con la música, ya que en ciertos momentos el trabajo de Trent Reznor y Atticus Ross cruza la barrera y se convierte en protagonista, con piezas excelsas pero que rebasan ese límite de ser un complemento cinematográfico. No así el resto de la música extradiegética que acompaña correctamente la cinta.
The Social Network es un filme sutil, cuyo subtexto puede ser difícil de captar en primera instancia, ya que la trama se desenvuelve sobre sí misma, dando saltos de tiempo que obligan al espectador a seguirla y llenar los huecos en todo momento. Sin embargo, debajo de esta madeja, hay motivaciones agitándose y una historia que se relata sin imágenes, mas bien con ideas.
¿Cuál es este subtexto?
Nuestro protagonista tiene una motivación distinta a la que aparenta. Es decir, ésta no es el dinero, sino una necesidad aún más básica: La trascendencia.
En una sociedad moderna la alienación del individuo es un fenómeno común, y en la sociedad estadounidense, la lucha por aceptación se libra en varios niveles: académico, laboral, familiar, grupos sociales, etc. Mark Zuckerberg, al igual que los demás adultos jóvenes que lo acompañan, libra una lucha contra un mundo en el cual una brecha generacional infranqueable lo hace desdeñarlo y apoderarse de él a su manera.
El dinero no importa sino como un vehículo para la trascendencia y la integración dentro de la sociedad.
The Social Network habla de esta alienación y la necesidad de eliminarla a cualquier coste, el rechazo al mundo de los adultos en todas sus facetas. Un atisbo al futuro inmediato dominado por una nueva generación con otros valores y necesidades.
Esta cinta es un reflejo fiel de la sociedad contemporánea y un ápice en el cine de esta década que termina. Pocos filmes se pueden jactar de ser un clásico moderno,
The Social Network lo es.
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A l'interieur
- Director
- Alexandre Bustillo
- Julien Maury
- Year
- 2007
- Rating

- Reviewed by
- Yehosafat a.k.a. Yosio
- Review date
- Friday, December 17, 2010
Lo primero que hay que saber de esta cinta francesa es que no es apta para mamás. O para futuras mamás. O para hombres sensibles a escenas sangrientas.
La vulnerabilidad de una mujer embarazada hace de ellas el personaje ideal para enfrentar situaciones adversas, especialmente si son terroríficas. El temor de lo que pueda suceder a un vientre lleno ha dado a luz a varias historias buenas, como es el caso de la tremenda Rosemary’s Baby (1968), de Roman Polansky; o, más discretamente, Fargo (1996), de los Cohen.
En este caso, Alexandre Bustillo entrega un guión sencillo y carismático, que él mismo dirige junto a Julien Maury. Para ambos es su ópera prima.
La película comienza con un choque en el que se ven involucrados dos autos. Uno de ellos es conducido por Sarah (Alysson Paradis); ella está encinta y va acompañada de su esposo, quien no sobrevive.
Unos meses después, Sarah se encuentra sola y amargada en su casa. Es Nochebuena. Entonces aparece una misteriosa mujer (Béatrice Dalle) que, sin razón aparente, pretende quitarle el bebé que aún lleva dentro. A partir de ahí comienza un festival de sangre que durará hasta el fin. Como sucede en ese tipo de películas, la entrada de nuevos personajes trae la grandiosa posibilidad de que todo se torne más violento.
Hay momentos de enorme tensión bien trabajada. Por citar un ejemplo: tenemos a nuestra chica encerrada en el baño, con su enorme panza llena de sangre, cuando tocan la puerta. ¿Podrán ayudarla? ¿La escucharán? ¿Saldrá por la ventana? ¿Descubrirán a la misteriosa mujer? A eso hay que agregarle el inminente parto. Una estrella en la frente por esas escenas.
Uno de los puntos más fuertes de la película, a mi gusto, es la iluminación. Hay muchos negros, evidentemente. De acuerdo con los directores, pretendían dar a la misteriosa mujer —quien viste oscuro— la oportunidad de mimetizarse con el ambiente. También cabe mencionar que la futura mamá es fotógrafa, y se hace uso del flash su cámara para dar buenos efectos de luz. La fotografía está a cargo de Laurent Barès, quien recientemente participó en un documental junto a otras figuras del nuevo cine de horror francés.
Ambas actrices lo hacen muy bien. Paradis, como la escurridiza madre, y Dalle, en un papel entre fantasma y enferma mental. Es una película sobre supervivencia y, como tal, hay reacciones extremas y emociones al límite. Como extra, se agregó en escenas fuertes una vista hacia el bebé, desde adentro del útero. Para mí, no hacen gran diferencia, pero digamos que funcionan para dar un poco más de dramatismo.
Quizás el final no es lo que esperaba, lo cual no es tan bueno como suena. Aunque hay litros de líquido rojo chorreando por las escaleras. Bien.
Al Interior se suma a una serie de filmes dentro del considerado “Nuevo Extremismo Francés”, el cual se caracteriza por ser escandaloso, transgresor, para de esa forma impactar la sensibilidad del espectador. De esa ola podría mencionar
Trouble Every Day (2001) de Claire Denis, en la que actúa Vincent Gallo y la misma Béatrice Dalle; la célebre Irreversible (2002) de Gaspar Noé, con Monica Bellucci; así como, más recientemente,
Martyrs (2008) de Pascal Laugier.
En resumen, una trama sangrienta muy sencilla, bien actuada y mejor dirigida.
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El Infierno
- Director
- Luis Estrada
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Armando Castil Rosell a.k.a. Manye
- Review date
- Wednesday, December 15, 2010
El director mexicano Luis Estrada trata de maravillarnos de nuevo con su cine lleno de sátira y realidad mordaz que le valió merecidos laureles por
La Ley de Herodes (1999). En
El Infierno no pierde el estilo de contarnos las cosas que ya sabemos pero no decimos, que no nos gustan pero aceptamos, ahora con el tema lamentablemente de moda en México: el narcotráfico, los sicarios y todo lo que de ahí emana.
El inicio es bastante agradable y creíble, mostrándonos la realidad de “Benny” (Damián Alcázar), un inmigrante que regresa derrotado a su pueblo de origen sin un dólar y con un desagradable acento “tex-mex”. No tarda en darse cuenta que todo ha cambiado en su terruño y se ve orillado a unirse a un grupo delictivo que comanda “El Cochiloco” (Joaquín Cosío) y de ahí se desarrolla la película.
Desarrollado en el pueblo de San Miguel, un lugar ya desolado, arrasado por la crisis económica y de violencia, Estrada nos muestra con acierto la realidad de la mayoría de las pequeñas ciudades del país donde las actividades laborales normales cada vez existen menos y el panorama es de tristeza, soledad y pobreza. No puedo dejar de mencionar el acierto con el que se toca el tema de las pocas oportunidades que hay en la actualidad; cuando Benny decide empezar de cero encuentra más problemas que soluciones que lo llevan irremediablemente a delinquir.
También logra captar de manera sobresaliente los colores y matices del narco con sus camionetas negras, el dorado de sus joyas, lo ostentoso de sus propiedades, sus familias tan irremediablemente coludidas, todo sobre un terreno desértico de hierbas secas y tierra suelta que resaltan con el rojo de la sangre que corre a granel durante la cinta.
La historia y los símbolos visuales lamentablemente se empiezan a llenar de clichés y sinsentidos que dan como resultado una realidad que ya no existe. Con la corrupción otra vez como su mejor aliado, Estrada quiere retratar cómo viven los narcos y el organigrama de un cártel de drogas local muy al estilo de los años ochenta: Un cacique influyente, acaparador y desalmado con su grupo de matones que a la vez también son los “dealers” del pueblo, quienes hacen y deshacen ante la complicidad de las autoridades locales, que lejos de tratar de poner orden, son empleados del “gran señor”.
En mi opinión, a pesar de los clichés, la película debió quedarse ahí, hay mucho que decir del narco en estas épocas, ya que de ahí se derivaron los cárteles actuales y la incapacidad de nuestras autoridades para combatirlos. Sin embargo, el director trató de actualizarse, introduciendo a los extraños matones traídos de Oaxaca, queriendo hacer referencia a Los Zetas, lo que convierte el resto de la cinta en una calamidad que termina como mezcla estrambótica de
Rambo 2 y algo de los hermanos Almada.
Las tramas internas me parecen de lo más aburridas, como una infumable historia de amor de Benny con “La Lupe” (Elizabeth Cervantes) y el personaje sobreactuado de “Doña Mary Reyes” (María Rojo), simplemente incomprensible.
DE SALIDA…
No quiero justificar al director pero simplemente le pasó lo que a mucha gente que vive lejos del norte del país o de zonas de conflicto. Los narcos ya no son sólo aquellos que andan en camionetas y con sombreros, están entre nosotros, se visten como nosotros y viven entre nosotros…
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8 1/2
- Director
- Federico Fellini
- Year
- 1963
- Rating

- Reviewed by
- Yehosafat a.k.a. Yosio
- Review date
- Sunday, December 12, 2010
El nombre de Federico Fellini no es nuevo para mí; se trata de uno de los directores consentidos por la crítica en toda la historia del cine. Confieso que su trabajo me era prácticamente ajeno, ya que sólo conocía el nombre de una de sus películas,
8 ½, presente en la mayoría de top lists “serios”. Así que, en la primera oportunidad que tuve de verla, lo hice. Treinta y siete años después de su estreno.
Qué bueno que no fueron treinta y ocho.
A los cinco minutos supe que no me decepcionaría. El filme abre con secuencias que enseguida se distinguen oníricas: un hombre está atrapado en el tráfico, con mucha gente observándolo; tras salir con dificultad de su auto, vuela. Flota. Este tipo de experiencias acompañará al ojo durante las dos horas siguientes, con una trama muy significativa, claro.
Guido Anselmi es un director que está tomando todo su tiempo para hacer su nueva película. El problema es que no tiene clara la temática y está pasando por una severa crisis creativa; encima tiene la presión de sus amigos y la gente involucrada en el proyecto, quienes están poniendo ya bastante dinero en la preproducción. Digamos que su matrimonio y su carrera peligran como una cometa en el bosque.
Es precisamente ese bloqueo lo que lleva al realizador a brincar entre sus sueños, sus recuerdos y sus musas, buscando la inspiración necesaria para completar su proyecto. Finalmente, agobiado, decide cancelar el filme, lo que desencadena el final de las dos películas, la de Guido y la de Federico.
No está de más destacar que se trata de un filme en cierta medida autobiográfico, al menos en la parte del bloqueo creativo, según dijo el mismo Fellini. El propio título hace referencia a las siete “y media” películas que él dirigió previamente —seis cintas, dos cortos y una colaboración—. No sólo presenta desde adentro los pormenores de una producción cinematográfica, con las broncas por el dinero, los actores, la presión del medio; además, proyecta una tesis sobre la concepción y moldeado de ideas en el medio artístico. Ennio Flaiano, Tullio Pinelli y Brunello Rondi ayudaron a coescribir el guión, por lo que se nota bien trabajado y con varios matices.
Mis alabanzas al metraje pueden resumirse en tres rubros: Las actuaciones, convincentes y bien definidas. Obviamente, sobresale Marcello Mastroianni, a cuadro casi toda la película, haciendo magistralmente el papel de Guido. A mí me agradó Barbara Steele como la novia americana, guapa y rebelde del amigo; además de Eddra Gale, “La Saraghina”, una prostituta. También destacaría la fotografía —blanco y negro—, con iluminación inteligente y planos memorables, a cargo de Gianni di Venanzo. Por último, la temática y su presentación, transmitiendo limpiamente la fantasía y el tormento del director de una película dentro de una película; a través de la historia vemos no sólo una filmación cualquiera, sino la creación del mismo filme que estamos viendo —metafilme—. Ello se traduce en un trabajo atemporal, de muchos sabores y digno de varias lecturas.
Le doy un 10.5 —más que perfecto— a tres fragmentos de la historia: Primero, en el sueño del principio, cuando Guido vuela y cae hacia el mar, simbolizando que no tiene escapatoria de su problema; segundo, cuando imagina a sus mujeres viviendo todas juntas en la misma casa, con hilarantes resultados; y tercero, el final circense, delicioso, en medio del desierto, donde aparecen prácticamente todos los personajes de la historia.
Ya quiero ver otra de Fellini. Porque sí tiene otra, ¿verdad?
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Inventario de mi cuarto 2.79 - Batman pide dulces
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Friday, December 10, 2010

La capa es lo único que conservo del disfraz de Batman que mi mamá hizo con sus propias manos en mi infancia. Lo recuerdo perfectamente. Consistía de capa y máscara de tela, pants negros con logotipo de tela cosido, y tenis negros.
El vigilante de Ciudad Gótica salía a pedir dulces en mi colonia la noche de Halloween, no por gusto, sino en la sospecha de que los archivillanos bien pudieran infiltrarse entre tanta gente disfrazada. Al agradecer los dulces, mi voz era ronca, rasposa, como la de Michael Keaton vestido de
Batman (1989).
De tanta perfección de disfraz, siempre estuve seguro de que a los vecinos no les cabía duda de que se trataba nada menos que del mismísimo caballero de la noche. Yo mismo lo creía a veces.
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Inventario de mi cuarto 2.78 - Una realidad distinta
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Thursday, December 09, 2010

A diferencia de la guía de Mario Paint que inventarié en
Inventario de mi cuarto 2.74 - Búsqueda incansable, la de Final Fantasy III llegó muy pronto a mis manos gracias a mi hermana, quien, al viajar a Estados Unidos, y en vista de la obsesión tormentosa que se apoderó de mí al buscar la anterior, hizo lo propio y volvió con esta. Acompañé a mis papás a recogerla al aeropuerto, y antes de saludarla, le pregunté si la había encontrado, cosa que le disgustó, aunque la respuesta fue sí. Después de eso, la saludé.
Final Fantasy III es, sin lugar a dudas, el videojuego que más me ha conquistado en mi vida. Quienes me conocen desde niño, bien podrían alegar que ese título lo merecen otros juegos, y ciertamente hay grandes contendientes, pero este es el más importante por diversas razones.

Lo conocí por primera vez al leer al respecto en una revista estadounidense que lo alababa como una de las experiencias más completas y enriquecedoras de la historia de los videojuegos. Era el primer RPG (role-playing game) que yo conocía y la solución a mis diversos problemas con los juegos de acción o pelea. Era interactivo y tenía una trama completísima y gráficas irresistibles. La música era increíble. El juego duraba horas y horas de sana e inteligente diversión, que exigía un esfuerzo mental más que una agilidad con los controles. Aclaro: no que yo careciera de agilidad, pero prefería usar el cerebro que las manos.

Acompañar a Terra, Locke, Mog, Edgar, Sabin, Celes, Setzer, Relm y los demás, ser cada uno de ellos, visitar pueblos, explorar lugares misteriosos y vivir tragedias, era una experiencia propia, era transportarme a un mundo alternativo y vivir en un mundo distinto, en una realidad distinta, el perfecto escape para mi vida adolescente. Fue tal el cariño que le tuve al juego que aún extraño a veces jugarlo, y aunque hoy en día simplemente no encuentro el tiempo libre que merece un RPG, ansío algún día hacerlo.

Nota: El juego hizo historia y ha sido reestrenado para el Playstation y otras consolas con el nombre Final Fantasy VI.
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Inventario de mi cuarto 2.77 - El amor de mi vida
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Wednesday, December 08, 2010

Cuando fui por primera vez a Nueva York, a mis 15 años, visité la legendaria juguetería FAO Schwarz, y admiré, entre otras cosas, sus inigualables muñecos de peluche, tan agradables al tacto, simpáticos a la vista y bien hechos en general. Pero como ya era “grande”, no podía permitirme la niñería de adquirir uno.
Eso cambió cuando volví, muchos años después. Decidí comprar un peluche y al estar en la tienda me di cuenta de que realmente no lo quería para mí, sino para alguien realmente especial en mi vida. En ese momento salía con una persona pero no estaba claro si la cosa duraría, y en efecto, no duró mucho, por lo que me aferré al simpático perro que aquí inventarío y tomé una importante decisión: regalarlo al amor de mi vida.
¿Pero qué es “el amor de mi vida”? Podría calcular la respuesta según ciertos parámetros pero podría descubrirme equivocado. Ya un par de veces estuve tentado a regalarlo, pero decidí esperar un poco, y el tiempo me hizo darme cuenta de que hubiera sido un error. Por ahora, el perro está en mi clóset, pero mi inminente mudanza, que me obliga a reubicarlo, bien pudiera coincidir con la inesperada respuesta.
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Inventario de mi cuarto 2.76 - Pies de peluche
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Tuesday, December 07, 2010

Hablando de pantuflas, una vez compré unas increíbles, de Tigger, en una tienda de Disney en San Antonio, Texas. Fue un viaje sin igual y uno de mis mejores souvenires fueron esas pantuflas. Era una delicia usarlas durante el invierno, en que calentaban mis pies sin falla. Cada pie era una cara de Tigger y yo era el más feliz, hasta que eventualmente se rompieron y tuve que tirarlas.
Años después, en un viaje a Disneylandia que hice ya mayor, con mi novia, como comenté en
Inventario de mi cuarto 2.11 - Perfiles inmortales, al fin pude visitar de nuevo una tienda de Disney y mi búsqueda inmediata fue por las pantuflas. No las encontré, pero pronto di con otras que satisfarían a mis friolentos pies en el invierno: estas de Mickey Mouse, que ahora uso para viajar en el tiempo, a mi infancia, cuando mis pies de peluche me recordaban que era niño, y no el adulto que tan absurdamente ansiaba ser y que ahora irremediablemente soy.
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Inventario de mi cuarto 2.75 - Pantuflas magicas
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Monday, December 06, 2010

He tenido estas pantuflas desde niño, siempre perfectas. Las he usado casi todos los días de mi vida pero nunca se han desgastado. Lo que es más: han ido creciendo paulatinamente al ritmo de mis pies. Cuando han mostrado algún raspón o ruptura, han sanado de un día para otro como por arte de magia. Por más que les he hecho, nunca me han fallado.
La hechicera: mi mamá, que compra nuevas, idénticas, cada vez que nota que las anteriores ya están por dar de sí. Nunca me lo ha dicho, nunca me ha avisado. Las nuevas aparecen siempre ahí, en el clóset, como si nada hubiera pasado.
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Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1
- Director
- David Yates
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Sunday, December 05, 2010
Llegando al final de la saga, cuando las cosas se han puesto más que graves para el mundo de los magos, el relato de Harry Potter deja de ser el juvenil y alegre cuento de jóvenes brujos tomando lecciones de hechicería y vislumbrando un temido pero no inminente destino lúgubre, para convertirse en la peor de sus predicciones hecha realidad, un mundo sometido por la maldad de Voldemort donde nuestro joven héroe se ha convertido en el más buscado de los criminales.
La serie fue cambiando de tono en la medida en que los personajes fueron creciendo. La autora J.K. Rowling describió los siete años de escuela que Harry y sus amigos cursaron hasta que este tuvo que enfrentar a su archienemigo, año en el cual la escuela ya no era un lugar amistoso, al igual que el resto del mundo de los magos. El libro, que generó una expectación sin precedentes, cumplió las expectativas de algunos y desilusionó a otros, y a muchos simplemente los dejó con el triste sentimiento de tener que despedirse de tan amados personajes.
Yo fui uno de los insatisfechos con el resultado final, no porque el tono cambiara o porque no cumpliera con lo que la historia merecía, sino porque el contenido me pareció un tanto vano, acaso hueco, alargado en cientos de páginas pero sin una sustancia que lo mantuviera a flote a todo lo largo. La primera adaptación cinematográfica del mismo, pues fue partido en dos partes, confirmó mi sentir: es entretenida, emocionante, espectacular, y hueca.
Harry está harto y cansado de ser el centro de atención del villano más grande del planeta, pues sabe que serlo arriesga a sus amigos, y decide huir de estos para encontrar por su cuenta los pedazos del alma de Voldemort, los horrocruxes, para destruirlos y así terminar de una vez por todas con quien asesinara a sus padres. Sus amigos inseperables, Hermione y Ron, descubren su huida y deciden acompañarlo, no sin antes prepararse con algunos artefactos que los ayudarán a subsistir. En su camino, libran muchos peligros mientras investigan el paradero y significado de los horrocruxes, a la vez que son buscados por los mortífagos que siguen su rastro a cada paso, aunque jamás sospechando los lugares tan obvios a los que de pronto deciden meterse.
Esta séptima película destaca entre todas las adaptaciones de Potter por ser la más espeluznante y movida, al no tener escenas que interrumpan el ritmo, tales como aquellas en que los personajes tomaban alguna clase o se entrevistaban largamente con algún personaje. En cambio, el guionista veterano de la serie Steve Kloves y su director David Yates se enfocan esta vez en la acción para asegurarse de que estaremos al borde del asiento, si bien no dándonos suficiente información para alimentar lo que debería ser —y es, en el fondo— nuestro verdadero interés.
Cuando la historia finalmente revela secretos o datos relevantes, resulta un tanto anticlimático al ser a veces difícil de entender y otras poco interesante. Esto se debe en parte al texto de Rowling, que saturó de información sus novelas al grado de que incluso al leerlas había que hacer memoria, releer fragmentos de los tomos anteriores o consultar alguna enciclopedia online de Potter que los admiradores de hueso colorado se encargaron de mantener.
La fuerza dramática se pierde al transferir el texto a guion cinematográfico, por lo que Kloves se asegura de crear su propia atmósfera, con éxito moderado. Por ejemplo, hay una escena en que Harry y Hermione bailan en la mitad de su tristeza, apenas dejando asomar una sonrisa; si esta escena estaba en el libro, no la recuerdo, pero aunque haya estado, no significaba tanto como aquí, donde lo que más nos importa son los sentimientos a flor de piel de los personajes que acompañamos, no tanto su investigación o el resultado de sus travesías. En otro emocionante momento, un horrocrux nos permite ver a Harry y a Hermione enredados en un acto pasional, además de generar la ilusión, tan esperada por los fans, de desnudez en ella. Un ejemplo más es la historia de Dobby, a la que se le ha dado especial énfasis para crear un final falso para la cinta, ya que se ha partido a la mitad, en mi opinión gran fracaso de desenlace por no ser Dobby de ningún modo un personaje que nos importe tanto.
La ventaja es que los tres principales siguen siendo adorables y con una química indeleble. Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint están cerrando con broche de oro las interpretaciones que les dieran fama internacional, y como siempre, Grint destaca en la comedia y Watson en la perspicacia, apoyando a Radcliffe, el más débil de los tres. Aparte de ellos, el elenco multiestelar sigue siendo impresionante y crece cada vez más. Es una verdadera lluvia de estrellas.
La producción ameritaba todos los valores que el dinero pudiera comprar y da gusto ver que se da tan buen uso de ellos. Las locaciones, los escenarios, la fotografía de Eduardo Serra, la música de Alexandre Desplat, los efectos especiales y todo lo demás siguen siendo de primer nivel. En cada ocasión, vuelven a transportarnos a ese mágico mundo que a veces se ve tan anhelable y otras tan detestable. Cuando Voldemort, interpretado por Ralph Fiennes, se ve tan seguro de sí mismo, da gusto recordar que todo eso no es real.
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Inventario de mi cuarto 2.74 - Busqueda incansable
- Posted by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Friday, December 03, 2010

Mario Paint, el juego de Super Nintendo que incluía mouse y mousepad, fue la sensación en mi adolescencia. Lo tenía todo el mundo, lo disfrutaban chicos y grandes, y aunque algunos opinaban que era un juego para ñoños, muchos nos enorgullecíamos de pasar horas de diversión con él.
Recuerdo cuando unos primos me presumieron una guía que de principio a fin enseñaba cómo dominar el juego y hacer obras increíbles, audiovisuales, que podían emular escenas de otros videojuegos con giros chuscos o innovadores, o generar imágenes para crear un videoclip de cualquier canción, entre otras cosas. Se las había prestado alguien y era como asomarse al paraíso por unos instantes.
Nunca he sido muy creativo en lo visual, pero siempre me ha gustado intentarlo, y envidié la guía al grado de
necesitarla, por lo que me di a la tarea de buscarla en todas las tiendas hasta que fuera mía.
La búsqueda fue infructuosa. No existía en nuestro país, puedo afirmarlo pues la busqué en cuanta librería y tienda de videojuegos existiera. Internet no era tan accesible aún, por lo que no pude ubicarla por ahí tampoco. Alguien viajó a Estados Unidos y se la encargué, pero regresó sin ella, y aunque juró haberla buscado, sospeché que no lo hizo lo suficiente.
Mi frustración fue tal que mi mamá decidió tomar medidas al respecto. Investigó quién era el dueño de la guía que me enseñaron mis primos, la pidió prestada por unas horas, jurando cuidarla como a su propia vida, pues era tan valiosa para sus dueños como lo sería para mí, y pasó el día entero en una papelería fotocopiándola. Parece tarea fácil, pero todo lo contrario: la guía contenía páginas dobles o triples a color, por lo que había que hacer un fotocopiado especial y ensamblar todo en un engargolado cuidadoso. Muestro aquí algunas fotografías del resultado. El costo de las fotocopias a color fue más alto que haber comprado la guía tres veces. El valor de lo que hizo mi mamá por mí fue incalculable.
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Inventario de mi cuarto 2.73 - Portafolio a la cabeza
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Thursday, December 02, 2010

Mi mamá me compró este padrísimo portafolio en 6° de primaria en la tienda departamental Liverpool. Pasar de mochila a portafolio fue un cambio significativo para mí, una probadita de la edad adulta que ansiaba. A mí no me gustaba ser niño, odiaba que no me dieran mi lugar, que no me dejaran entrar a lugares, que no me invitaran a conversaciones, que no me tomaran en serio. Fue parte de la educación que me dio mi papá: yo no era un niño como los demás, yo era un adulto atrapado en el cuerpo de un niño, y quien no lo pudiera ver, estaba ciego. Ahora sé que ese acelere me afectó, que no pude disfrutar algunas delicias de la niñez por esa prisa absurda de crecer, y hoy me niego a vivir como adulto ciertas cosas, lo que se traduce en inmadurez, en un intento desesperado por recuperar emociones perdidas.
El portafolio me acompañó en mi cambio de escuela en secundaria. El niño/adulto se encontraba con un grupo de gente hostil que lo veía como una víctima potencial. Los bullies me seleccionaron y mi portafolio fue muchas veces el blanco de sus actos ruines. No supe reaccionar. Estas personas no me trataban ni como niño ni como adulto, no me trataban con dignidad, buscaban atormentarme como fuera posible, y mi frustración, que muchas veces llevaba al llanto, les resultaba divertidísima.
Recuerdo que cuando uno de ellos escupió un gargajo en mi portafolio, fue el principio del fin. Mis ojos se nublaron de ira y lancé el portafolio hacia él, con todas mis fuerzas, golpeándolo en la cabeza. Me declaró la guerra. Ahora tenía que ser un adulto, afrontar mis problemas sin recurrir a nadie. Peleamos a golpes y fui vencido con facilidad. Al día siguiente, el tormento empeoró, y también mi furia. Peleamos otra vez, fui golpeado cruelmente de nuevo, y el círculo se repitió, empeoró y se agrandó en todos sentidos.
Eventualmente, tanto ese bully como los demás se cansaron de golpearme y de que me defendiera. Ya no era divertido para ellos. Pasé entonces al olvido: no era amigo, no era víctima, no era niño, no era hombre. Mi vida no tenía sentido. Tenía 14 años.
Ese año, guardé mi portafolio para siempre.
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Inventario de mi cuarto 2.72 - Club Nintendo
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Article date
- Wednesday, December 01, 2010

La revista Club Nintendo me revolucionó el gusto por los videojuegos y me acompañó durante los años en que la compré sin falta. Pasé del Nintendo al Super Nintendo, comprándola religiosamente para enterarme de los juegos de moda y leer todo al respecto de clásicos y futuros, además de apoyarme en sus tips y guías para los que yo intentaba dominar. Mis secciones favoritas eran el Curso Nintensivo, que te llevaba de la mano de principio a fin en algún juego, Mariados, que aclaraba dudas que enviaba la gente por correo, y Dr. Mario, que daba tips aislados de distintos juegos. Amé tanto los videojuegos durante mi adolescencia que los amé lo suficiente, diría yo; es decir, quedé satisfecho y dejé de jugarlos de tajo, a mis veintitantos.
En cuanto a juegos que me gustaban, nunca fui mucho del género de acción, ni mucho menos del de pelea. Me gustaban los de aventura, sobre todo si tenían una trama interesante. Cuando descubrí los RPG, enloquecí y jugué varios con pasión infinita, tanta que aún siento nostalgia por ellos.
Conservo algunos de los juegos que más disfruté, tanto de Nintendo como de Super Nintendo, y los estaré inventariando en próximas fechas, junto con los mejores recuerdos que evocan.
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Flake wrote at 1/1/2011 12:49:01 PM:
Comi mis palomitas y reí!.......Me encanta ver tus criticas, pero mi amor, esta te la acabaste!!! jajajajajaja.....pero sé que tu eres el experto!!!!
=)