Review
No Desearas la Mujer de tu Hijo
- Director
- Ismael Rodríguez
- Year
- 1950
- Rating

- Reviewed by
- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Saturday, March 20, 2010
Este conflicto podría parecer irrelevante si se recuerda que antes padre e hijo compitieron por una posición política, pero lo que lo hace fuerte es el malentendido que hace que don Cruz crea que el amor de la joven, su ahijada Josefa (Carmen Molina), es correspondido, cuando a quien ella ama en realidad es a Silvano. Éste ya carga no sólo con una vida de abusos físicos y psicológicos contra su madre y él mismo por parte de su padre, sino la humillación de haber perdido a la mujer que amaba a causa del mismo. De nuevo, mientras Silvano intenta rehacer su vida y encontrar su lugar en el mundo, es obstaculizado a cada momento por el paradigma apabullante que es servir a su padre y respetarlo sin importar lo que éste haga o diga.
Rodríguez y su co-escritor Rogelio A. González meten a la mezcla a la ex novia de Laureano, Justina (Virginia Serret), y a su esposo Régulo (Alejandro Ciangherotti), quien se obsesiona con el invaluable caballo de Laureano, Kamcia. Cuando el absurdo excesivo de la actitud de Cruz llega a un punto intolerable por Silvano, éste se juega la vida a cambio de su caballo, en contra de Régulo. La actuación de Pedro Infante en esa escena es de tal intensidad, que casi lo lleva a los niveles histriónicos de su co-protagonista, el inigualable Fernando Soler. El hermano de éste, Andrés Soler, funge un papel más importante que en la anterior película, pues es ya no sólo el apoyo comediante de la historia, sino también el padre de la mujer por cuya disputa se llega al punto de quiebra, de una buena vez, entre padre e hijo.
El guión está mejor amarrado que en La Oveja Negra, lo que hace a ésta una experiencia más intensa e impactante. El drama de nuevo es episódico, pero funciona como un todo, y no sólo por partes. De manera constante, al igual que en la anterior, y como complemento de aquélla, se retrata la forma tan inadecuada en que los padres de familia de ciertos pueblos de México tienen control total sobre las vidas de sus esposas e hijos, y cómo éstos caen en la trampa de confundir el respeto por la aceptación de una realidad insoportable.
Es de tal ferocidad este mensaje, que no existe redención ni siquiera en la última y profundísima escena en que dialogan don Cruz y Silvano. La misma película pareciera no querer transmitir la indignación de ello, cuando nos ofrece un momento romántico de ultratumba, similar al del final de Wuthering Heights (1939), pero ahí radica su impacto: en no condenar, ni juzgar, ni siquiera pretender que se reprueba algo. A veces, sólo retratar, y hasta dar por su lado a algo que está mal, lo hace más vergonzoso.
Gon C Curiel en Twitter | CriticSociety en Twitter | CriticSociety en Facebook
Share on Facebook | Share on Twitter
Comments
Leave a comment